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Hablame cuando

Hablame cuando te hagas cargo de tus sentimientos. Cuando le pongas nombres a lo que te pasa y no lo diluyas en oraciones que empiezan con un "no sé" o con un "no entiendo". Hablame cuando escuches a tu inconsciente y no tenga que acecharte en sueños mientras estás dormido. Hablame cuando en tu versión de carne y hueso seas lo valiente, lo frontal, lo genuino que sos por Whatsapp. Hablame cuando sepas para qué me hablás. Solo entonces, te voy a contestar.

Hola 2023

Hola, futura yo. Hoy es seis de enero del 2023. Estoy segura de que en diciembre vas a volver a este escrito, cuando hagas el balance del año que para mí recién comienza. Ya sabés que adoro año nuevo y la idea de que es posible empezar otra vez. Sé que, en teoría, cualquier día podemos despertarnos y decidir empezar otra vez, pero yo encuentro la motivación perfecta en esta fecha del calendario. Algunos la encontrarán en otra parte. Lo importante es que todos la encontremos en algún lado. Así que acá estamos, pero si me permitís, antes de hablarte a vos le quiero hablar a ella: A la Sol que escribió el texto que se llamaba “Hola 2022”. Entonces hola, Sol del pasado. Hace meses vengo cargando con una culpa a cuestas que me absorbe, que hace que sea difícil respirar cuando sé que tengo que convivir con vos en un mismo cuerpo. En el 2022 fui testigo de cómo te apagaste por completo para ser la luz y la sombra de alguien que hizo uso y abuso de tus virtudes, de tu calidez, de tu empatía, ...

24 de diciembre

Cuando entraba a la casa de mi abuelo, el universo entero se pintaba de rojo, verde y azul. Mis cejas se alzaban, mis mejillas se enrojecían, mis labios no podían detener la sonrisa más grande que alguien alguna vez dibujó en mi rostro. Mi abuelo era un tipo frío, dice el diariero de la esquina. Mi abuelo era un hombre duro, dijo una vez mi tía por teléfono. Mi abuelo se fue de este mundo sin saber lo que era fundirse en un abrazo. Una vez me dió tres palmaditas en el hombro: mamá nos miró con ojos grandes y las facciones se le congelaron. ''Mamá parece una estatua'', pensé en ese entonces. No reparé en nada excepto en la reacción de mamá. No reparé en que lo que estaba pasando era histórico, imponente, sin precedentes en la historia de mi abuelo, un veterano de guerra, un creador de silencios cada vez que entraba a una habitación. Hasta los pajaros dejaban de cantar cuando mi abuelo caminaba. Todos le teníamos un respeto que él no había exigido ni buscado: Era lo que g...

Lionel Messi: El futbolista extraordinario no pudo contener al hombre ordinario

Messi es fútbol, es historia, es patrimonio Argentino y patrimonio universal. Messi es el mejor de todos los tiempos. La aspiración máxima de cada jugador que ahora mismo está en la reserva de algún club en algún lugar recóndito del mundo. Es el sueño de los más chicos que juegan al fútbol con una botella mientras visten la camiseta del diez. Es siete balones de oro, es cuatro Champions League. Es el Rosarino que se sigue comiendo las ''S'' después de más de dos décadas viviendo en Europa codeandose de gente de poder. Es él que decidió apostar a una ambición que por momentos pareció probable, pero la mayor parte del tiempo imposible e inalcanzable: Ganar algo con Argentina. Messi es el ''no'' que le dió a los españoles, los mismos que apostaron a él desde el minuto cero, en su intento de nacionalizarlo, sin peros en la lengua, sin detenerse a evaluarlo ni un segundo, con una sola convicción más fuerte que cualquier necesidad de triunfo individualista: la...

Te perdono

Voy y vengo sobre mis propios pasos, tiro leña al fuego que alguna vez supo quemarme, me prometo no perdonarte jamás, jamás en lo que me quede de vida, y proclamo odiarte demasiado, ¡demasiado por encima de lo que odié a alguien alguna vez! Y los atardeceres pasan, los chicos crecen, yo misma estoy creciendo, me vuelvo a ilusionar con alguien nuevo, ¿Es demasiado pronto? Sonrío por la calle cuando escucho mi canción preferida, me río con mis amigas con una copa de vino en mis manos, organizo cenas, fiestas, viajes, recupero un brillo que había perdido, y lo lustro todos los días, y lo protejo con uñas y dientes. Y todos los que me quieren, los que siempre me quisieron, me dicen que me ven más linda que nunca. Contesto que es porque estoy feliz. Es que me oscurecías la mirada, me sofocabas la vida. Tenía tanta energía puesta en salvarnos, en educarte, en convertirte en la buena persona que creía merecer, en volverte alguien nuevo, más suave, más cálido, más parecido al abismo que te dis...

Amor sin promesas

 Las palabras precisas no las recuerdo. Se esfumaron de mi mente como si las hubieses escrito en lapiz, o como si, sin darme cuenta, hubiese optado por una amnesia selectiva para seguir a tu lado, para seguir construyendo, ignorando que nuestra construcción no hace más que tambalear, y que a veces sos el viento, el lobo que sopla hasta su última reserva de aire en pos de derribarnos, y yo quién pone el cuerpo para evitar el derrumbe, porque nos pretendo salvar. Las palabras precisas las recuerdo, en realidad; pero no quiero recordarlas, entonces hago un ejercicio mental e intento huir de ellas por todo el tiempo que pueda. Me dijiste, palabras más, palabras menos, que no podés prometerme que no vas a herirme de la manera más cruenta, despiadada, inhumana que existe. Es decir, que sos capaz de traicionar mi confianza, que sos capaz de lastimarme como yo no lastimaría a nadie, que sos capaz de hacerlo y que no vas a prometerme lo contrario porque, palabras más, palabras menos, no cre...

El cariño que robé

Ojalá fuese más simple. Pero las palabras que no decís se clavan como agujas en mi piel y eso que alegas no ser capaz de prometerme se convierte en todo lo que necesito para cerrar los ojos con tranquilidad cuando duermo a tu lado. Y cuando guardás silencio formulo preguntas que mueren sin ser verbalizadas, porque sé que tus respuestas son siempre heridas de bala, y todavía a las anteriores las intento cauterizar. Ojalá fuese más fácil, y camináramos juntos por un terreno seguro, pero el campo está minado y las posibilidades de que demos un paso en falso son inminentes, y me atemoriza perderte, pero más me atemoriza mirarme en el espejo y no saber si soy una persona que merece ser amada, o tan solo un náufrago, un mendigo que está pidiendo limosnas de un amor al que nunca hace más que aspirar. A veces me mirás con cariño. Un cariño que robé. Uno que no sé si sos consciente que sentís o si tan solo se desprende de tus ojos pero no se internaliza en tu mente ni llega a formar parte de tu...

Mi soledad

No tengo nada qué ofrecerte, y todo lo que podés ofrecerme, ya lo tengo. Una vez creí que el vino tenía que compartirse para disfrutarse, y que a la noche necesitaba de otros brazos para abrigarme, pero eso fue una vez, hace mucho tiempo. Y en ese entonces yo era una versión mía que ahora desconozco.  No contesto los mensajes de nadie porque no tengo nada qué decir, tampoco para dar. Lo que podría recibir, lo devolvería. Una charla forzada y vacía, un chocolate que va a quedar en la heladera, una melodía que no me eriza la piel ni da ganas de bailar. Hubo un momento en el que me hubiera conformado.  Ese momento, ya pasó. Quizás llegaste tarde, o tal vez todavía es temprano. Pero ahora, por ahora, no hay cupos para acercarse a mí. Estoy ocupada en otras cosas, y todas tienen que ver conmigo. Ninguna de esas cosas amenaza de ningún modo a mi construida, querida, cuidada, casi olímpica soledad. Sol Iannaci.

Parte 2

Desde que nos separamos tengo insomnio. Mis pensamientos me abruman y mantienen en vilo. Sé que escuchar los latidos de tu corazón me haría dormir, porque nada habría cambiado. No tendría que preguntarme qué hago ahora que no te tengo, ni me vería obligada a deshacer de mi mente el futuro que había planeado a tu lado. Sospecho que ya no puedo crear otro distinto y eso me atemoriza. ¿Dónde fueron a parar los planes que teníamos? ¿los viajes que soñábamos? ¿dónde están las cosas que no llegan a suceder? Me gustaría que estuvieran en alguna parte, en algún rincón o recoveco. Las iría a visitar donde fuese que estén, y les contaría que yo no quise desecharlas, pero que a veces esas decisiones se toman de un solo lado. También les diría que no se sientan tan mal: al fin y al cabo eran solo cosas. Yo fui desechada. Y yo no soy una cosa. DDM8 segunda parte. Sol Iannaci

Nuestras diferencias

Vos me decís que esto no funciona, y yo te digo que ni siquiera lo estamos intentando. Nuestras diferencias son claras: Yo estoy parada en la puerta de tu casa, y vos, con tal de no bajar a abrir, me contestás por whatsapp. Nunca te dije lo que me costó llegar, porque sé lo que me responderías: me dirías que nunca me pediste que hiciera nada de lo que hice. Yo te contestaría que no te hagas problema, que puedo encontrar la manera de subir para que no te esfuerces. Yo te gritaría que si no hubiera puesto mi cien, no existiríamos. Y una voz dentro de mi cabeza me diría que entonces, quizás no lo hacemos.  Sol Iannaci

Que me besaras

Hubo una noche en la que esperé que me besaras, pero no te lo pedí. Tampoco tomé la iniciativa, ya me conocés: solo me limité a anhelarlo. Nunca doy pasos en falso porque jamás doy pasos. Esperé que te acercaras, deseé que lo hicieras. Sentí, mientras esperaba el uber, que mi esperanza todavía estaba ahí. Seguía respirando, aunque ya faltaban cinco minutos para que mi auto llegara, y cuatro, y tres.  Pero me diste un beso en el cachete y viajé hacia mi casa mirando por la ventana, convenciéndome de que la próxima vez sí: vos serías más valiente, o yo sería un poco menos cobarde. No existió tal próxima vez. Hubieron otras veces, sí. Pero ya no estábamos ahí. Me quedé pensando durante todo este tiempo, cuántas historias serán las que no se contaron porque faltó, solamente, algo de valentía en el momento perfecto, como para darse cuenta que no existe tal momento: hay que crearlo como si fuese la única chance. Es que quizás lo sea. Sol Iannaci

Ánimo

‪"–¿cómo saber si alguien necesita ánimo?‬     ‪–si esa persona respira"‬ ‪ Mi abuelo era un gran hombre. Solía hacer los mejores chistes y tenía la sonrisa más contagiosa. Mi abuelo, cada vez que en la mesa se producía un silencio, le daba un golpecito con los nudillos, y a los segundos decía bien fuerte una palabra, su muletilla: ánimo.‬ Solo eso: ánimo. Y yo era chiquita, así que no sabía bien a qué se refería. El día en el que mi abuelo murió solo pude pensar en algo. Un susurro tranquilo que me gritaba algo: ánimo. ‪Mi abuelo ya no está pero la palabra persiste en mi corazón. Significa mucho para mí.‬ ‪Ahora cada vez‬ que en mi alma se produce un silencio, y siento miedo, inseguridad, o cansancio, cada vez que pienso en dejar de intentar, o me frustro, o me agoto, me quedo en silencio. Respiro y me digo: ánimo. Ojalá mis palabras sean el ánimo que ustedes necesitan. Porque mis lectores son el que yo necesito para hacer lo que amo hacer. ¿Y quién no...

Lo impronunciable

¿Qué pasa entre el “te quiero” que te olvidás de pronunciar, que te da terror pronunciar, que no tenés ocasión de pronunciar, y el “te quiero” que se vuelve impronunciable? Me encantaría poder decir que en ese intervalo existe un puente. Uno que uno cruza a sabiendas que del otro lado ya no hay nada. Un puente lleno de carteles luminosos, de señales en rojo sangre que te gritan que te des vuelta y vuelvas al punto de partida por todo el tiempo que queda. Hasta que la alarma suene, hasta que el último grano de arena caiga del reloj, hasta que el sol se esconda, o se apague. Un puente largo que te advierte que detrás está la última oportunidad, y unos pasos adelante el abismo que te separa para siempre. Me gustaría decir que ese puente, ese túnel, esa brecha, ese camino existe, y que yo lo crucé. Pero no hay nada. No existe siquiera tal intervalo. Si crucé algo, lo hice inconsciente. Entre todo lo que me parecía impronunciable cuando podía pronunciarlo, y todo lo que se volv...

Que me ahorques.-

Anoche te quise confiar los miedos pero no pude despertarte. Ya no sé cuántas veces más explicarte cómo quererme si cada vez que lo hago me dejo de querer. Quise coser tus heridas pero me arañaste en el intento, y ya no me quedan tantas vidas como para volverte a intentar. Pero lo hago. El problema es que el orden de los factores sí altera el producto, y no puedo seguir fingiendo que sufrirte de antemano nos asegura algún futuro. Te esperé por tanto tiempo que me intenté convencer de que habías llegado, y ahora me pregunto, mientras te observo dormir, si no fue que te inventaron mis ganas de amar. No quiero que te aferres a mí para no ahogarte. No puedo salvarte si tus idas y vueltas me tienen sujetada del cuello. Alguna vez quise que me ahorcaras, solo un poco, a la noche, como un juego. Hoy ya no puedo respirar. Te di el doble de lo que tenía, y lo que tengo ya no lo quiero. Dejaste una versión mía apagada y ahora me miro al espejo y me imagino en mi reflejo a la que e...

Que me duela

En algún momento pedirte una caricia me hubiera bastado, pero ese momento pasó. Si ahora tuviera que pensar en lo que necesito, te diría que me claves las uñas con más violencia de la que tendrías que ejercer para que no me duela.  Quiero que me duela. ¿No es el dolor, nada, excepto una forma de despertar? No es la única, pero es la más efectiva que conozco.  Solo quiero volver a sentir. En algún momento un abrazo hubiera sido efectivo, aunque ya no lo es. Si pienso en lo que me haría bien, tal vez te exigiría que uses más fuerza de la que yo tengo. Puede que quiera que tus brazos me asfixien.  ¿No poder respirar no te recuerda que estás vivo? ¿todas las cosas por las que vale la pena estarlo no son susceptibles de hacernos sufrir? Si pudiera verte ahora mismo, te exigiría que me recuerdes, de cualquier forma, que mi cuerpo es débil. Te rogaría sin decir nada que empezaras por mi cuerpo. Quizás así, puedas llegar a tocar alguna otra fibra. De esas a las que...

Despedidas

  Te dije entre medio de gritos y llantos que si la decisión estaba tomada (de tu parte, claro), te fueras. Ándate, te pedí, y llevate todo, agregué.  Y te fuiste. La puerta se cerró con una suavidad que me susurraba solo una cosa: para vos la ruptura ya había pasado hace mucho tiempo, y esa tarde solo me la habías decidido comunicar. La suavidad del golpe de la puerta retumbó en mis oídos como si hubieras dado un portazo. Un puñetazo a la pared, una patada, un vaso roto. Todo hubiese sido mejor que esa puerta que cerraste con una dulzura tal que me hizo comprender que era verdad: ya no me amabas. Te estabas yendo liviano sin necesidad de hacer ruido: no querías que yo te detuviera ni siquiera para pelear. Me desmoroné en el piso. Y seguí llorando. Todavía más alto, más infantil, más ahogado. Por si en una de esas casualidades recordabas que alguna vez me quisiste antes de que llegara el ascensor. Te fuiste. Y te llevaste todo, como yo te pedí. Ahora que no encuentro lo que te...

No poder sentir

Claudia me pregunta qué tan grave es la ruptura. Y yo me río, y le digo que hace mucho no rompo con nadie. Claudia me aclara, en vano, cual si no hubiera comprendido el chiste, que se refiere a la mía. Y yo le digo que no es nada grave. Solo no puedo sentir.  Claudia me pide que le desarrolle el problema. Que le cuente por qué vuelvo tal premisa una afirmación. ¿Qué significa no sentir? me pregunta. Y yo le digo que vaya más despacio. Que es difícil encontrarle palabras a la ausencia de algo. Ella me dice que puedo recurrir a las metáforas. Y yo las busco mientras me surge la duda de por qué no puede entender algo tan simple. —Es como si de pronto todos los mares se secaran —y me río. Le digo que la actividad es muy compleja. Claudia me mira, seria, y se acomoda los anteojos.  —Las olas ya no están.  Y le digo que no. Que ya no hay peligro ni inminente sufrimiento. Que ya no tengo ningún miedo. Que todos los rostros me parecen lo mismo y que nadie, (repito nadie), puede h...

La luna

  Me duele mirar la luna, después de tanto tiempo, y pensar una milésima de segundo en su belleza, y todo el resto del tiempo en tu nombre y en tu ciudad. Y preguntarme si desde tu balcón se ve tan grande, tan amarilla, tan redonda, tan brillante. Y como primer deseo susurrarle a ella, que alguna vez nos unió, algo tan simple e infantil como que cuando la mires, si es que la mirás, sigas pensando en mí. Como segundo deseo que cuando pienses en mí, si es que lo hacés, algo te susurre que sigo cerca, aún en la distancia. Y como tercer deseo que la distancia, que alguna vez nos hizo ser todo lo que siempre fuimos, sea destructible. Porque miramos la misma luna, ¿no lo hacemos? A pesar del desastre que hicimos, lo que nos hizo existir en ese entonces, ¿no sigue estando ahí? A veces, cuando escucho la palabra ''deseo'', pienso en vos, antes que en nada, y entonces, sospecho que sí.

Cuando no amo

Hay más pasillos iluminados que a oscuras: pero a donde la luz no llega, nadie nunca quiso llegar. A veces me duele alejar, por las dudas, a todo lo que puede dañarme. Lo empujo lejos mío porque me siento cómoda inmersa en esta soledad. Mi soledad es fabricada, elegida, funcional: no funciono dentro del amor, ni con los pies en la orilla, ni caminando en dirección al mar. Cuando no amo, soy la persona que deseo ser. Cuando el amor me roza sutilmente, cuando me pasa cerca, cuando lo observo aproximarse a mí como una ola, me convierto en alguien más. Miro a esa persona a los ojos y no la quiero: la desprecio. Y mi instinto lo arruina todo de antemano, pero no es miedo de amar.  Le tengo terror a la que soy cuando lo hago. Otra diferente, y todo lo demás puede estar ordenado, pero si el amor duele, la vida entera duele. ¿Esa dependencia no debería de ser letal?  "De amor nadie murió", dicen, a modo de consuelo. El amor funciona como una soga al cuello. Mientras las cosas tienen ...

Lo que otra vez soy

¿Existe alguna diferencia entre los demás cuerpos y el mío? ¿cuando las escuchás respirar cerca de tu oído, su exaltación es idéntica a la mía? ¿si besás sus cuellos, mi perfume se nota ausente? ¿Existe algo, siquiera mínimo, que me separe de todas ellas? ¿algún detalle que me identifique como algo más que piel y hueso? ¿como algo más que otra cosa que desnudar? En una generación tan desapegada, ¿está bien no querer ser parte del ciclo? No quiero ser una cosa que uses e intercambies por otra nueva. Sin embargo, de alguna manera: eso es todo lo que otra vez soy.