Entradas

Señales de peligro

Pero ¿Hasta cuándo se puede decir que es correcto ver señales de peligro y quedarme? ¿Hasta qué punto yo podría afirmarle a él, al papel, a todos o a mí misma, que las señales de peligro existen y no son un invento mío? Yo sé que las veo, están a su alrededor. ¿Son prejuicios? ¿Los prejuicios existen para salvarnos de los lugares que comúnmente hieren? ¿O para darnos una escapatoria fácil a nuestra cobardía? ¿Es cobarde que me vaya ahora? ¿Es ser cobarde siempre algo indiscutiblemente negativo? ¿De qué me protejo y qué pierdo si me alejo? ¿Qué gano? Tal vez ya no quiera tomar decisiones sola, o no pueda, o no sepa para qué lado correr. Porque el camino hacia algo bueno, y el camino hacia algo cruel, por un rato, siempre, parece el mismo. Y yo no sé hacia dónde camino si camino hacia vos, ni sé qué voy a encontrar o cuánto me va a doler. Tampoco sé si debería dar la vuelta para preservarme, ni cómo o de qué formas esto me va a dañar si sigo sin hacer caso a lo que todos piensan, a ...

Te perdí

Estoy sentada en la orilla contraria a en donde siempre proclamé estar. Estoy observando la consecuencia de acciones que no me enorgullecen, pero que fueron mías. Fueron mías. Lo repito hasta creerlo, porque no me puedo seguir desligando de responsabilidad.  Estoy viendo como perdí a alguien especial. La perdí. Tal vez para siempre. Hice justo lo que prediqué que jamás haría. Y el resultado es una dolorosa, tajante, y triste despedida.  Ahora todo lo que puedo hacer es sentarme a mirar. Para el resto ya es tarde. Y no lo sería si no hubiera hecho lo que hice. Me atribuyo el mérito absoluto de este final, y me pongo a pensar. En frente mío, un espejo. No me reconozco en mi reflejo, porque yo tenía una idea sobre mí. Y en ese ideal, la mayor parte de las veces era la víctima. Era la que tenía buenas intenciones. Era la que, siempre, quería ayudar. Yo era la que se ponía segunda porque el resto estaba primero. Yo era la que, primero que todo, priorizaba la amistad. Aho...

Amor (propio)

Me río de mis propios chistes cuando estoy contenta, y me abrazo con mis propios brazos cuando necesito consuelo. Me compré un regalo para mi cumpleaños, y ayer a la noche me quedé en el sillón escuchando música, porque sentía ganas de pasar tiempo conmigo. Solo conmigo, y con nadie más. Me cuesta compartirme, elijo minuciosamente a las personas con las cuales pasar tiempo, y, para ser sincera, no creo que abunde la gente que merezca lo que sé que puedo dar.  Así que lo guardo. Y espero. Y a veces, me acerco a la gente incorrecta, y soy testigo de como me hacen sentir común y corriente. Como si abundara. Como si no fuera especial. Entonces no los culpo. Es exactamente lo que sucede cuando el valor de algo excede lo que el resto está acostumbrado a mirar. Agarro mis cosas, me seco las lágrimas, y sigo. Recuerdo lo que soy. Me río de mis chistes, me abrazo con mis brazos, y todo vuelve a empezar. Lo bueno de ser mi mejor compañía es que el resto tiene que luchar contra mí, p...

Hasta que no te quieras

Me siento frente al espejo, y suspiro. Me vestí con lo que me hacía pasar desapercibida, porque hace mucho nada me hace sentir especial. Respiro profundo, me levanto, y me voy a trabajar. Me comparo, a veces, con los rostros que hay en instagram, las vidas que veo en instagram, o las personalidades que muestran en instagram. Siempre quise ser la chica que en la fiesta cautiva la atención de todos y desprende seguridad en sí misma, pero siempre fui la que tenía terror a ser observada, o a entrar por la puerta principal.  Me cuesta pensar que puedo gustar, y me es difícil comprender que justo como soy puedo alcanzar. Ya dejé de comer, ya hice dietas ridículas, ya soñé habitar otro cuerpo. Soy mi público más exigente, mi jurado más estricto, y, por mucho que intente, nunca me logro aprobar. El otro día me dijeron que hasta que no me quiera nadie va a quererme, y me dolió escucharlo, porque yo sé que no es verdad. Hasta que no te quieras te van a amar con locura, una y mil veces...

¿Me enamoré alguna vez?

Ahora que tengo casi veintitrés Descubro que a lo largo de mi vida Me enamoré de sombras De sueños Y de ideas sobre el otro que yo misma me inventé Me enamoré de comienzos coloridos Que pronto se desteñían Y me aferré a esos principios para seguir enamorada Me enamoré de palabras De mentiras De esperar mensajes De varios ''no busco nada en serio'' De esforzarme por conseguir un lugar De las áreas grises De deshojar margaritas para descifrar si me querían Y de la humillación de tener que preguntar ''Para qué'' Pero nunca me enamoré de acciones Y pienso que, tal vez, Ese haya sido siempre el único problema Nunca nadie hizo por mí Lo que yo hago Lo que las personas hacen Cuando quieren a alguien Y quieren que funcione de verdad Entonces pienso Que ahora que sé lo que busco No voy a conformarme con menos Nunca más Y que las palabras son lindas Y complementan Pero no demuestran Porque el amor se demuestra haciendo Y todo lo ...

Lo que hice por amor

Sí, recibí tu mensaje. Recibí los veintitrés. Y veinticuatro veces pensé en responderte, en un absurdo intento de recriminarte todo lo que creí que hice por vos.  El veinticinco de julio del año pasado invertí todos mis ahorros en viajar a verte a un país desconocido. Te esperé veintiseis minutos en el aeropuerto, y en una llamada de veintisiete segundos, me dijiste en inglés, el idioma que ambos sabíamos, que no llegabas a tiempo para irme a recibir, porque querías ir al gimnasio. Que me pidiera un uber. Y lo pedí. Viajé veintiocho kilómetros hasta el Airbnb de veintinueve reales por noche que pagué sólo yo. En el que dormiste por una quincena que se sintió como treinta días, porque solo te veía a la noche. El resto del día tenías otras cosas para hacer. Treinta y un veces lloré en un solo viaje. En la playa. En el mar. Tomando caipiriña. En el shopping y en la ducha. Para cuando me cansé de llorar empecé a disfrutarlo. Al fin de cuentas era mi viaje. Aunque había descubier...

Benedetti se equivocó

Nunca disfruté de escribir sobre el amor que todavía respira, pero quiero hacer una excepción. Me gustaría narrarte un momento de nuestra relación del cual no sabés nada. Y que aún así es nuestro. Aunque solo lo recuerde yo. Me gustaría decirte lo importante que es ese momento en nuestra historia, porque fuiste el protagonista, aunque jamás te hayas enterado. Tenés que saber que existió porque te pertenece. Nos pertenece a los dos. Una tarde te miré y nuestros ojos no se cruzaron. No hubo ningún tipo de contacto visual. Estabas distraido tomando un café que daba la impresión de estar hirviendo. Estabas ocupado en sostener la taza. No tenías idea de lo que yo pensaba. No sabías que te estaba mirando, ni que ese momento, más que ningún otro, nos marcó. Te estabas riendo porque te acababa de contar un chiste pésimo. No sabías lo especial que era para mí que me hicieras sentir graciosa. Tenías puesta la remera que me habías prestado la noche anterior, justo antes de sacármela o...