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Depresión

- ¿Que sentías? - Le preguntó. Intentó encontrar las palabras justas para su respuesta, pero no podía expresar lo que le pasó, así que recurrió a las metáforas. - Fue como... Fue como si me estuviera ahogando. A mis costados no hay algo que pueda salvarme, solo agua. Busco desesperado algún indicio de que algo va a cambiar, pero no encuentro nada. Me desespero, y mi miedo empeora todo más. La sensación fue esa, estoy perdiendo las fuerzas y no hay siquiera a la vista una escapatoria, un lugar al que aferrarse, una orilla hacia la cual nadar. De pronto escucho las voces que me dicen que todo va a estar bien, pero desde lejos. Yo soy el que estoy en el medio de la nada, yo soy el que estoy luchando contra todo pronóstico, aún sabiendo que no hay chances de poder ganar. Así se siente la depresión, solo que no hay agua. No sabés que es lo que te hunde, solo sabés que no hay salida, que hagas lo que hagas cada vez estás mas inmerso en ese mar ficticio que te deja exhausto pero con vida...

Estación de tren

Durante días enteros, esperó sentado en la misma estación. La gente bajaba y subía, llegaba y se iba, y él seguía mirando, buscando, con la esperanza que se asomaba con la llegada del tren, y se volvía a disipar con su partida. Jamás en su vida volvió a ver tantos rostros en tan poco tiempo, fue partícipe de varios reencuentros, varias despedidas, de lágrimas de emoción y de lágrimas de tristeza, y él seguía ahí, expectante, observando, aguardando que algo mágico suceda, preso de su optimismo. Hasta que el día 28 del mes de marzo la vio llegar. Ella, hermosa como siempre. La hubiera reconocido a kilómetros, porque no había nadie igual. El había convivido suficiente tiempo con ella como para aprenderse de memoria hasta su forma de caminar, de manera que bastó observarla un segundo para que los días de espera cobraran sentido. En ese pasado que ambos compartían, había estudiado cada rincón de su cuerpo, de su cabeza, de su personalidad. Sabía todo de aquella mujer que ahora tenía en...

Idioma Universal

Imaginate lo que pasaría si intentaras dar tu punto de vista frente a un público de mil personas, que hablan en otro idioma, que no tienen conocimiento alguno sobre el español. Te pondrías nervioso, intentarías darte a entender con señas, dibujar, o expresarte de cualquier forma que no sea a través de palabras, porque del otro lado te escuchan, pero no te comprenden. Es como si fueras mudo, o como si todo el resto fuera sordo, y si te pusieras a llorar se notaría que estás triste, y si gritaras se notaría que estás enojado, pero nadie puede entender más allá de lo poco que pueden oír, y vos querías y necesitabas que te escucharan, y no solo eso, sino que pudieran sentir aquello que vos estabas sintiendo. Del otro lado, la situación sería bastante tensa también. Mil personas desesperadas  por encontrarle sentido a lo que le está pasando a aquella que tienen en frente, y pueden percibirte, mirarte, ver tu sufrimiento, tu rabia y tu dolor, pero no lo pueden comprender, porque ...

Respirar

Nunca pude llevar mucho tiempo algo en el cuello, no soporto los collares, siento que me aprisionan las bufandas, y una vez que me lo saco, me siento bien otra vez, como si dejara de acorralarme con algo ajeno a mí que me impedía respirar. Parecido me pasa con las palabras que no digo, con los "sí" o los "no" que no me atrevo a dar, las preguntas que no me atrevo a formular, con los enojos que no manifiesto, con las tristezas y preocupaciones que no me atrevo a expresar, con los sentimientos y los te extraño que no me arriesgo a soltar, pero me duelen en la garganta, por dentro. Lo siento como una energía pesada, propia pero ajena a mí, que necesito sacar para poder volver a estar tranquila. Lo mismo me pasa con las inseguridades que no me dejan ir a donde quiero ir y hacer lo que quiero hacer, lo siento como un nudo en mi pecho porque no estoy siendo yo cuando me someto a mi timidez o mis miedos, y necesito jugármela por lo que quiero para volver a vivir con ca...

Miedos

Nacen en tu mente, se instalan en tu cabeza, y son imposibles de erradicar fácilmente. La inseguridad y la desconfianza, llegan para quedarse por un tiempo prolongado, y acrecientan con el miedo. De pronto te encontrás a vos mismo sufriendo por cosas que sabés, solo tienen lugar en tu mente, enojado con personas que en realidad, no hicieron nada más que lo que vos imaginaste, preso de fantasmas que no son reales, salvo dentro tuyo. Y si existen ahí, qué difícil erradicarlos. Que difícil entender que afuera no hay peligro, que no hay nada de lo que correr, que nadie va a lastimarte ni te está hiriendo, que solo es tu propia cabeza jugándote una mala pasada, una vez más. Entonces te equivocas, te encerrás en vos para no sufrir, por las dudas. Te alejás de la gente que te quiere porque quizás no lo haga tanto, y cuando te encontrás solo pensás "Mis miedos tenían razón". No te das cuenta que lograste que existan actuando en consecuencia, enojándote en la vida real por situaci...

Trenes, personas, mundos

Sentada en el tren, como espectadora de la vida de los demás pasajeros, comencé a preguntarme cómo sería la de la mujer sentada frente mío. Tendría unos 55 años, su mano sin alianza me indicaban que estaba soltera, o quizás ya no la usaba, quizás la había dejado de utilizar cuando su matrimonio había envejecido junto con ella y su marido. Tal vez era viuda, tal vez estaba de novia, tal vez tenía 3 hijos, quizás no tenía ninguno. Tal vez estaba angustiada, tal vez estaba sufriendo un dolor muy grande sin que nadie de los que estábamos en ese transporte lo sepamos. Tan cerca y tan lejos estamos de los demás... Tal vez estaba contenta, tal vez era ama de casa, tal vez estaba volviendo de su trabajo, tal vez era su cumpleaños. Las posibilidades seguían apareciendo. De repente me intrigo el hombre que tenía parado a mi izquierda, y volví otra vez a imaginarme mil historias diferentes. ¿Será quien quería ser cuando era más joven? ¿Será feliz? ¿Tendrá quién le quite los miedos? ¿Necesitará ...

Una vez más

El peor esfuerzo es el que es en vano. El que no logra reconocimiento, el que no te hace llegar a obtener la finalidad propuesta, el que solo fue dolor, y nunca pudo llegar a ser recompensa. ¿Sentiste eso alguna vez? Que te esmeraste como nunca antes, que pusiste todo de vos, que realmente intentaste, y que no funcionó, que todo fue mérito sin ganancia alguna.  Y desmotiva cómo ninguna otra cosa en el mundo, el haberte roto el alma, el haber dedicado todo tu tiempo y tu energía, a algo que no se te dió. Todas tus ganas no lograron que llegues a tu objetivo, y nadie puede hacerte sentir que algo va a mejorar. Y te preguntas de que sirvió, desvivirte por lo que nunca pudiste ni siquiera alcanzar a tocar. Entonces llega la frustración de quién por mucho tiempo dio todo de sí en una causa perdida, y te culpás. Te decís a vos mismo que si tan solo fueras mejor, más inteligente, más capaz, las cosas te saldrían. Te resignás y aceptás tu destino, te decís que no sos suficiente, y qu...