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Trenes, personas, mundos

Sentada en el tren, como espectadora de la vida de los demás pasajeros, comencé a preguntarme cómo sería la de la mujer sentada frente mío. Tendría unos 55 años, su mano sin alianza me indicaban que estaba soltera, o quizás ya no la usaba, quizás la había dejado de utilizar cuando su matrimonio había envejecido junto con ella y su marido. Tal vez era viuda, tal vez estaba de novia, tal vez tenía 3 hijos, quizás no tenía ninguno. Tal vez estaba angustiada, tal vez estaba sufriendo un dolor muy grande sin que nadie de los que estábamos en ese transporte lo sepamos. Tan cerca y tan lejos estamos de los demás... Tal vez estaba contenta, tal vez era ama de casa, tal vez estaba volviendo de su trabajo, tal vez era su cumpleaños. Las posibilidades seguían apareciendo. De repente me intrigo el hombre que tenía parado a mi izquierda, y volví otra vez a imaginarme mil historias diferentes. ¿Será quien quería ser cuando era más joven? ¿Será feliz? ¿Tendrá quién le quite los miedos? ¿Necesitará ...

Una vez más

El peor esfuerzo es el que es en vano. El que no logra reconocimiento, el que no te hace llegar a obtener la finalidad propuesta, el que solo fue dolor, y nunca pudo llegar a ser recompensa. ¿Sentiste eso alguna vez? Que te esmeraste como nunca antes, que pusiste todo de vos, que realmente intentaste, y que no funcionó, que todo fue mérito sin ganancia alguna.  Y desmotiva cómo ninguna otra cosa en el mundo, el haberte roto el alma, el haber dedicado todo tu tiempo y tu energía, a algo que no se te dió. Todas tus ganas no lograron que llegues a tu objetivo, y nadie puede hacerte sentir que algo va a mejorar. Y te preguntas de que sirvió, desvivirte por lo que nunca pudiste ni siquiera alcanzar a tocar. Entonces llega la frustración de quién por mucho tiempo dio todo de sí en una causa perdida, y te culpás. Te decís a vos mismo que si tan solo fueras mejor, más inteligente, más capaz, las cosas te saldrían. Te resignás y aceptás tu destino, te decís que no sos suficiente, y qu...

Forzar

Y cuando me pregunten que hacía con vos, si me hacías mal, voy a decirles que empiecen a prestar más atención, porque es lo que todos hacemos, todo el tiempo. Intentamos cambiar a la otra persona. Nos gusta lo difícil porque tendemos a querer tomarnos el arduo trabajo de lograr que el otro se transforme en alguien distinto, solo por nosotros, que no sea así de buena persona con nadie mas, salvo con nosotros. Entonces forzamos a nuestro corazón para que entre donde no se siente cómodo, y queremos que encaje a la fuerza con otro que no es de su tamaño, porque le queda chico: Hay gente que te queda chica pero la esperanza, a veces es tan peligrosa como la necedad. Y ahí estamos, intentando que el que nunca sabe querer, nos quiera bien, y que el que nunca se compromete con nada salvo el momento, nos ame para siempre, que el que nunca se fija en nadie en particular, nos vea solo a nosotros, y que el que nunca fue fiel, nos sea leal. Y la gente puede cambiar, pero no su esencia. Y si l...

Te vas

Y te vas. Te vas otra vez, como siempre hiciste, como siempre haces. Te vas porque sabes, quizás inconscientemente, pero sabes al fin, que te espero al lado de la puerta, con las llaves en la mano, y una sonrisa para darte. Sabes que estoy, que siempre estoy. Y yo se que vas a volver, siempre volves. Volves y sé que es momentáneo, pero igual te dejo entrar, porque durante el tiempo en el que estas, todo se parece acomodar. Te volviste indispensable, aunque seas temporal. Como esa gente que nunca termina de pertenecer, pero nunca se llega realmente a ausentar. Y quizás un día de estos, me haga fuerte, y decida tirar las llaves y jamás volverte a dejar pasar. Quizás tus idas y vueltas me hagan más daño que lo que me provocaría vivir sin las migajas de amor que me das. Quizás deje de recibirte con un abrazo, quizás busque por otro lado cariño de verdad. Pero por ahora, vení. Que te espero con un café, con un par de besos, y con la consciencia de quien ya te conoce y sabe que no i...

Vení

Veni, te dejo entrar No me gustan algunas partes de mí Y a veces, lloro porque sí Nunca se bien que decisión tomar Me enojo rapido, y me desenojo igual Creí mentiras  Desconfié verdades  Sufrí, hice sufrir Y me cuesta confiar. Mi corazón está lastimado pero mi sonrisa nunca falta y en mi vida tenes lugar Si querés pasá, sentite cómodo Perdona el desorden Descubrí lo bueno y lo malo que hay en mí. No puedo prometerte que soy perfecta o que nunca me voy a equivocar Pero si me amas, me tratas bien, y te ganas mi cariño, te voy a querer y agradecer para siempre, y cuando me necesites te lo prometo, voy a estar Pase lo que pase desde que llegas, e incluso si te vas Porque soy así de incondicional.

Cansancio

El cansancio lo asociamos con la debilidad. Uno se cansa porque no tiene más fuerzas, porque está exhausto, porque ya luchó. Pero existe otro cansancio, uno que nos hace bien. Cansate del dolor. Ese que llevas como una mochila en tu espalda, que no te deja hacer las cosas que querés hacer, que no te deja decir lo que querés decir. Cansate de llorar una y otra vez por la misma razón, cansate de guardarle un espacio tan importante de tu mente a un tema que solo te causa tristeza, cansate de estar mal. Cansate de deprimirte solo por recuerdos, por cosas que no fueron, por relaciones inconclusas. A veces que se te terminen las fuerzas es una buena señal, porque hay pesos que no tendrías que estar soportando encima. Hay penas que ya no te pertenecen. Hay miedos que existen solo en tu cabeza. ¿Quién te hizo creer que eras poca cosa? ¿Por qué crees que merecés estar mal? ¿Quién te dijo que si las cosas se daban distintas iban a ser mejores? ¿Por que decís que la felicidad no era para vos? L...

Colores

Solía pensar que para entender mis emociones, tenía que ponerles un color. Una manera de comprender lo que sentía era ponerle un nombre. Y como no encontraba nombre, se me ocurrió la idea de los colores. En pocos meses cada cosa que me había pasado aparecía pintada en mi mente, según su intensidad. Fue una época de mi vida en la que me sentía mareada de tantos sentimientos diferentes y constantes. Mi vida cambiaba de tonos como el cielo a través del día, y yo no podía evitar sentirme afectada por tal inestabilidad. Así que en función de ordenar, empecé a colorear mi cabeza, para aprender a diferenciar todo lo que yo sentía. Quizás así podía intentar que los colores dejen de cambiar tan rápido. Hubo días en los que solo podía pensar en el color negro, porque así estaba mi corazón y mí autoestima. El negro lo asocie con un panorama oscuro, donde parecía que nada jamás mejoraría. Así que agarré una agenda, y escribí la palabra "negro" con la fecha del día. Ese mismo día seguí...