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Mi adiós

Yo no necesito llamar tu atención de formas humillantes, porque yo tengo la razón, y la razón no necesita de pretextos para hacerse notar. La razón es un susurro tranquilo que cuando te canses de hacer el ridiculo vas a escuchar: me alejé porque antes y después de que me aleje, te encargaste de hacerme sentir segura con mi decisión. No lo hagas todavía más vergonzoso, y aceptalo, porque siempre lo supiste: me estabas perdiendo, y ahora que me perdiste, seguís dándole motivos enormes a mi adiós.

Después del minuto ocho: adelanto

23/03/2018 Dormí toda la tarde para olvidarme de lo frustrada que me sentí ayer por la mañana. Me levanté a las cinco y me fui al salón de fiestas. Esa noche había un casamiento. No hay nada que deteste más que cuando tocan casamientos. Lo peor de dos mundos, segunda parte. Para mí, la más tediosa. Los vestidos de fiesta, los trajes elegantes, la alegría de todas las personas a flor de piel, los perfumes importados, las sonrisas forzadas. Nadie desencaja. Todos están estúpidamente contentos. Los novios se casan. El resto festeja. Son partícipes de una gran farsa. La quinceañera cumple años. El resto festeja. Creyendo que hay algo que celebrar en estar un año más cerca de la muerte. La música a todo volumen, la animación que en cada evento dice lo mismo cambiando los nombres, los videoclips que jamás en la vida le interesaron a nadie, llenos de fotos viejas, destinados a no volver a verse más. Dinero gastado en fingir que la vida es eso. Y yo ahí, en el medio, pasando ...

Lo que te voy a contar

Algún día te lo voy a decir, pero todavía falta. Te voy a contar de los suspiros que le dediqué a tu ausencia, y de las veces que te busqué en otros lados y te confundí con otras personas. Te vas a enterar que eras eso que quería, mientras yo no sabía bien que era, y que fui feliz sin tu risa, pero siempre la estuve esperando. Te voy a contar que soñé tropezarme con tu mirada en cada rincón, y que hubo camas que se sintieron vacías, porque quienes la compartían conmigo no eran tu calma, sino más bien tormenta. Te voy a contar que te quise renunciar, porque creí que quizás no existías, y que me resigné a quienes no eran tu clase de amor, hasta que decidí que no iba a conformarme nunca más. Te vas a enterar de las veces en las que alguien se sintió incómodo, de las veces en las que intenté a la fuerza encajar con corazones que no eran a mi medida, y de que por más que amé muchas veces, a todos les faltaba ese algo que vos tenés. Un día te lo voy a contar todo, ahora no, porque el de...

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Lo que pasó es que a todos mis ''te quiero ver" no le alcanzaron tus "si queres nos vemos". (Una mera cuestión gramatisentimental). Y acá me tenés, inventando palabras para explicar nuestras diferencias casi imperceptibles pero irreconciliables: todo al mismo tiempo. Es que en donde yo ponía pasión, vos plantabas una duda que nunca se convertía en certeza. Y cuando yo quería decir ''me muero por verte", lo borraba, lo aguaba, lo convertía en un "te quiero ver" cobarde, porque ya lo olía en el aire, ya lo podía presentir: todo lo que iba a recibir de tu lado era un mero "yo también". Y nunca un "yo también" erizó la piel de nadie. Y nunca me erizaste la piel, excepto por frío. Me hiciste sentir siempre mucho frío. Cuando hablábamos, cuando dormíamos, y cuando estabas al lado mío. Incluso, abrazándome. Lo que pasó es que tenerte cerca me ponía triste. Como si un nudo en la garganta hubiera decidido quedarse conmig...

Mientras veíamos una película

Puede que me duela tanto porque a la catástrofe que hiciste le antecede nuestro mejor momento. Uno que fue importante para mí y del cual ni siquiera te enteraste. Estábamos sentados en el sillón y tu mano estaba en mi pierna, acariciándome. Estábamos viendo una película en silencio. Dos horas de absoluto silencio. Podría haber pasado esas dos horas en el sillón de mi casa, sola, viendo la misma película, porque entre nosotros no estaba habiendo ningún tipo de comunicación.  Pero no era lo mismo.  De eso me di cuenta en el sillón. Estabas al lado mío y yo me sentía bien. Contenta. Disfrutaba de tu presencia incluso sin estar charlando. Me gustaba estar ahí, al lado tuyo, viendo la televisión. Me acariciabas y mi cuerpo temblaba. Me gustaba que tu mano estuviera en mi pierna. Me di cuenta en ese sillón de que no me daba lo mismo cualquier mano. Ni cualquier presencia. Ni cualquier caricia.  Me sentí en paz. Comprendí que me hacía sentir algo que estuvieras cerca, y...

El abismo de distancia

Yo no sé por qué te sorprende que me haya ido si te lo dije una y mil veces y no me prestaste atención o no lo quisiste entender: Todo lo que hago, (y he aquí el abismo de distancia que nos aleja), es escuchar a mi corazón. Y si mi corazón me dice "vamos", cuando vos no me decís "quedate", no soy quién yo para retenerlo.

Tu mediocridad

Y si me preguntan por vos voy a encargarme de que te admiren, y a decirles, (a todos), que encontraste la manera de desafiar todas las leyes de la física, y de lograr, (no sé bien cómo), que terminemos siquiera antes de empezar.  Tengo que admitir que triunfaste, al menos en este concurso que no sabía que existía. Porque te lo juro, (y yo no miento), nunca antes nadie me había hecho salir corriendo más rápido que vos de ningún lugar. Te diría que te acerques a retirar tu premio, pero el premio era tenerme, y jamás nadie me había perdido antes de conseguirme. Igualmente, felicitaciones. Tu premio consuelo es este escrito en donde lo reconozco: sos el mejor de todos los perdedores que me perdieron, porque de entre todos ellos, vos sos el ganador.  Una vez mi viejo me preguntó que prefería. Si ser la mejor de los peores o la peor de los mejores. Y le dije que la mejor de los peores. Que al menos era el más exitoso en algo. Entonces se rió fuerte mientras c...