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Lo que tiene que ser

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- Supongo que lo que tiene que ser va a ser, ¿No? - Te escuché decir esa madrugada en la parte trasera del auto que te prestaba con frecuencia tu papá, cuándo todavía éramos dos veinteañeros que no tenían mucha idea de nada. Creo que la vida consiste en lo que se podría dividir en dos grandes etapas: La adolescencia es la primera, en la que todo sucede lento, tan lento que te pones a pensar si estás avanzando o si estás varado en lo que va a ser el resto de tus días, y la otra etapa comienza una tarde cualquiera, en la que miras para atrás y te das cuenta que absolutamente todo cambió y que en algún punto creciste, y la vida, la tuya, tomó una dirección definitiva. Pero en ese entonces éramos más jóvenes, y yo tenía preocupaciones encima que a veces te dejaba cargar un ratito, porque sabías alivianarlas. Vos me comprendías inclusive más que yo misma aunque en esos años era complicada, y varias veces me había puesto a pensar seriamente, aunque era poco creyente y bastante racional, q...

Desamor propio

''Estás más flaca'', me dijiste apenas me saqué el vestido y te dejé ver mi cuerpo, otra vez. Lo dijiste de forma desinteresada, sin un rastro de preocupación en tu voz. Yo no estaba ''Más flaca''. Yo me había consumido. Había perdido (De forma intencionada) 10 kilos que no me sobraban, y me encontraba al borde de un abismo por decisión propia. Esos 10 kilos habían significado dedos en una garganta lastimada, lágrimas encima de una balanza mientras me arrancaba hasta los aritos, por si pesaban, y una imagen frente al espejo que me generaba repulsión, porque no me veía más flaca, todavía no lo hacía. Yo estaba absolutamente segura de que algún día iba a estar 100% conforme, el problema que no veía era que cuando estás sentado en el borde de un abismo, no queda mucho más para caminar. Tampoco le prestaste atención a los moretones, a la piel amarilla, pero yo lo hacía, constantemente. El solo hecho de poder tocarme huesos que antes no, me generaba placer, ...

Una tragedia anunciada

Mis zapatos eran de color mostaza suave, y el sonido que se producía al pisar la inmensurable cantidad de hojas que teñían el suelo de beige era el de un dulce crujido, ese que te dice que estás en otoño, pero para nosotros era verano. Te miré a los ojos cuando nos recostamos en el pasto, sobre una manta roja que había encontrado en el fondo de la casa de mis papás, porque sabía que aunque a vos no te iba a molestar sentarte sobre el césped, yo tenía puesto mi nuevo vestido negro que no quería ensuciar. Sospeché antes de elegirlo que iba a tener frío, pero también supe que te iba a gustar como me quedaba, y ese día quería estar linda para vos, porque todo era reciente. Pero en fin, me fui por las ramas, eso es algo de lo que te quejabas mucho, no en ese entonces sino después, cuando ya nada era tan fresco, cuando ya no éramos verano, cuando las discusiones me hacían llorar e intentaba descifrar constantemente cuál había sido el momento exacto en el que algo había cambiado, y que er...

Desnudez

Recostada cerca tuyo, mientras me mirabas como un aficionado observaría un cuadro original de Picasso. Lo cierto es que yo siempre me sentí más como una réplica barata colgada en alguna oficina, que nunca podría engañar a nadie, pero tus ojos me hacían sentir valiosa, ¿Se entiende el concepto o mis metáforas son complejas? Es que no sé como explicarlo si no es en base a ejemplos, vos me observabas cómo un representante observaría a una futura revelación para su equipo de fútbol, y yo era ese chiquito que recién empieza a patear. No tenía ni idea del potencial que guardaba dentro, hasta que apostaste por mí, con tu mirada. Recostada cerca tuyo, tus ojos recorrían mi cuerpo, (ese al que siempre le encuentro un nuevo defecto). Pero vos no me veías como mis ojos me ven en el espejo, lo supe por tu mirada. Era la que tendría un apasionado de la música al terminar de completar su colección de vinilos, frente a la estantería que con tanta dedicación armó, o un fanático del tenis conociendo a...

Cartas

Me gustan las cartas porque nunca mueren, me gusta escribirlas a mano porque en ese momento, mi vida entera se focalizó en escribir para esa persona lo que hablando no pude expresar.  El sentimiento plasmado jamás se enfría ni envejece, pero la vida real es más catastrófica. Por eso te escribí una carta. Porque sé por experiencia propia que en el instante en el que te esté mirando, el monólogo perfecto que planifiqué mientras me duchaba o viéndome al espejo se va a desmoronar, y no voy a saber cómo contártelo todo, porque personalmente es más difícil: Uno tiene en mente justo lo que necesita que el otro sepa, sea un ''te quiero'', un ''lo que me hiciste me dolió, o un ''necesito que me perdones'', pero las palabras se desarticulan en la cabeza, los conectores desaparecen, las oraciones no se forman con facilidad, y uno termina escupiendo frases inconexas y sin sentido que no le hacen justicia alguna al sentimiento, como si no supiera hablar, o c...

''Poca cosa''

Todo lo que pudiste hacerme sentir siempre es poca cosa. Lo hacías cuando me tenías al lado, lo hacés ahora, de nuevo, también. Y me eché culpas por mucho tiempo: Eran las inseguridades que tenía encima que me impedían disfrutarnos, que me cubrían la vista y no me dejaban ver que me querías, a tu manera, como podías, y que no era yo la que lograba que lo hicieras en un tira y afloje constante que me hacía creer que mendigaba amor. Pero las palabras con vos no me bastaban, porque vos me decías que yo te importaba, me lo demostrabas como te salía, pero yo no lo podía sentir real. Y me eché culpas por mucho tiempo: Por desconfiar del amor sincero, porque era yo la ciega que no se daba cuenta de lo evidente, porque no podía disfrutar lo que teníamos por desconfiar de si lo teníamos. Pero tus brazos me hacían sentir reemplazable, inconforme, y no me alcanzaban, no alcanzaban a cubrir mis miedos, como una manta que no te tapa los pies o no te tapa los brazos, e inevitablemente, no te ayuda ...

Crecer

Podría sustituir el amor inexplicable que te tengo, reemplazarlo por cariño y compañía. Podría, esta noche, pasarla al lado de alguien que me haga sentir menos sóla, podría acostumbrarme y hasta incluso llegar a quererlo, podría conformarme -que palabra horrible- cerca suyo, y con el tiempo convencerme -que palabra horrible- de que soy feliz. Podría sustituir el terremoto de emociones que me provocás por la calma de unos labios que no tenga que luchar para poder besar, podría hacerlo, y sentirme cómoda, y crecer: Podría crecer porque ya es hora de que lo haga. O podría seguirte esperando. ¿Vas a tardarte mucho? ¿Vas a venir en algún momento? ¿Vos también pensás que estoy loca? ¿Conformarse es crecer? ¿Convencerse es amar? Sol iannaci