Desde un avión
Desde un avión A una distancia considerable somos insignificantes, desde un avión por ejemplo. La ciudad se ve cual si fuera una gran maqueta de algún estudiante de arquitectura. Parece falso, irreal, todo lo que nos sorprende por su inmensidad a diario, se ve diminuto, y siempre utilizo ese momento para darme cuenta de la innegable verdad que afirmé al principio: Somos insignificantes. Nuestra existencia tal vez también lo sea, nuestros problemas son de importancia cero para el mundo real, nuestra tristeza no detiene a la vida de seguir su ciclo, nosotros como seres humanos no somos más que un punto en esa inmensa maqueta, que podría seguir sin nosotros, y que de hecho, lo va a hacer. Nuestro tiempo es limitado, contado, calculado, y después vendrán otros, y algún día vamos a dejar de ser recordados por quienes más nos quieren, y a volver a morir. Es un panorama desalentador, ¿No? El saber que nuestra entera existencia para el universo no significa casi nada, pero también es u...