Te quierođź’–

Te quiero porque viniste cuando hasta yo me estaba yendo, cerrando las puertas con llave y clausurando el salĂłn permanentemente, porque no creĂ­a que hubiera refacciĂłn posible. Pero vos entraste, abriste las ventanas, encendiste las luces, y me hiciste dar cuenta que no era tan grave, que solo me faltaba saberme mirar, que no estaba rota, que existĂ­a para mi otra oportunidad. Te quiero porque llegaste cuando me iba a dar por vencida, cuando no encontraba belleza en mi reflejo y me creĂ­a invisible. Y me pensaba un caso perdido, pero vos me hiciste comprender que no lo era, que jamás lo habĂ­a sido, y que estar lastimada no me transformaba en algo frágil, sino en alguien fuerte. Te quiero porque viste en mis grietas historias, y me hiciste sentir que jamás te aburrirĂ­as de escucharlas. Porque observaste en mis heridas humanidad, y me hiciste entender que era incluso dulce la forma en la que me expuse al precio de sufrir si de haber amado con todo mi corazĂłn se trataba. Te quiero porque apareciste cuando estaba a punto de rentarle el lugar al mejor postor, en algĂşn remate de barrio, sĂłlo por desesperaciĂłn. Pero vos hiciste que detuviera la oferta, vos me dijiste sin decir nada que no estaba dándome cuenta de mi real valor. Y ahora que no estás, ya no me entregarĂ­a barato a nadie. Te quiero porque me estaba despidiendo inclusive de mĂ­ misma, pero en tus ojos me reencontrĂ© con la que siempre creĂ­ ser, y ahora ya no me regalarĂ­a. Ahora abro las ventanas, enciendo las luces, y entiendo que no estoy rota, ni necesito una refacciĂłn: Solo necesito a alguien que me sepa ver. Te quiero porque cuando pensĂ© que todo habĂ­a terminado, me di cuenta que reciĂ©n empezaba, y porque cuando me dejĂ© de querer, apareciste vos, y ahora me protejo del mundo porque al fin lo entiendo: A la gente especial solo la sabe apreciar la gente especial. ¿QuĂ© hacĂ­a esperando que cualquiera pudiera observar mi valor? ¿QuĂ© hacĂ­a antes de conocer a los que son cĂłmo vos? Cerraba las puertas, apagaba las luces, y me creĂ­a irreparable. Y estaba en remate, hasta que viniste, y viste el potencial de lo que podrĂ­a llegar a ser si tan sĂłlo confiaba un poquito más en mĂ­, y un poquito menos en todos ellos.
Te quiero porque llegaste cuando hasta yo me estaba yendo, y aunque no te pudiste quedar, ahora entiendo que a veces no alcanzar es quedar grande, y que ante la mirada correcta, sos invencible y no invisible. Ahora tus ojos son los ojos me miran desde el espejo, porque vos no estás, pero tu perspectiva sobre lo que soy se instaló en mi mirada. Ahora abro las ventanas, enciendo las luces, y me doy cuenta que no era tan grave: Solo me faltaba saberme mirar.

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